El Departamento de Objetos Perdidos existe porque cerrarlo requiere un formulario de catorce páginas que solicita firmas que no existen. Seis empleados ocupan una oficina sin propósito en el nivel menos 12 de Ciudad Control: un jefe que no hace nada con dedicación, una experta en regulaciones que las usa para evitar todo trabajo, una mujer que quiere transferirse pero nunca envía el formulario, un técnico que mantiene todo funcionando, una cocinera que alimenta al equipo, y un becario eterno que es genuinamente feliz. Escrita como una sitcom, la novela comienza como comedia laboral pura hasta que empiezan a llegar personas con "objetos perdidos" imposibles: una sombra que se mueve sola, un hombre que perdió la capacidad de decir oraciones afirmativas, un panadero cuyo pan se multiplica. El departamento se convierte en santuario de lo inexplicable.