En honor a la memoria de mis queridos vecinos Luis Santos y Ela Pino.
Y en agradecimiento eterno a su hija, MIRIAN SANTOS PINO, por haber sido parte importante de mi niñez, de mi adolescencia y de una etapa inolvidable de mi juventud.
Gracias por estar siempre ahí, por abrirme las puertas de su hogar como si fuera parte de la familia, por cada consejo, cada comida compartida, cada tarde de conversación y cada gesto de cariño sincero en tiempos buenos y malos.
Gracias también por el inmenso amor, cuidado y dedicación brindados a mi hija Andrea, quien creció rodeada del afecto noble y humilde que siempre caracterizó a esa casa y a esa familia.
Esta historia queda como testimonio de vidas sencillas, pero extraordinarias; de personas marcadas por el sacrificio, la dignidad y el amor verdadero.
Porque hay seres humanos que, aunque el tiempo pase y la vida cambie, permanecen para siempre en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlos.