Como José Mateos señala en su prólogo, adjetivar a unos poemas de«católicos», como aquí lo hace Mario Míguez (1962-2017), tiene, enestos tiempos al menos, algo de provocador (lo que, curiosamente, noocurriría con adjetivos como «protestantes» o «budistas»).Pero el lector no debiera detenerse en lo adjetivo, sino acceder a lasustantividad poética que encierran: a su hondura, intensidad ybelleza, a lo que tienen de profundamente humanos, a la extremasensibilidad y lucidez con que están escritos, a su clarividencia yautenticidad. A su verdad poética, en fin.Es mucho, y esencial, lo que tienen para ofrecer a quien así lo haga.Mario Míguez (1962-2017). Ha publicado los libros 23 poemas (Ed.Pre-Textos, 1998), Pasos (Ed. Pre-Textos, 2006), El cazador (Ed.Pre-Textos, 2008), Ya nada más (Ed. Libros Canto y Cuento, 2017) yDifícil es el alba (Renacimiento, 2018)